La ofrenda de mi familia
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Cada año, a finales de octubre, en mi casa ponemos una ofrenda. Es una mesa con varios adornos para recordar a las personas que queremos y que ya murieron.
Mi abuela pone flores de cempasúchil. Son de color naranja y huelen mucho. Ella dice que su color y su aroma ayudan a las almas a encontrar el camino.
También ponemos velas, un vaso de agua, pan de muerto y calaveritas de azúcar con nuestros nombres. Mi hermano recorta papel picado de muchos colores.
En medio colocamos la fotografía de mi abuelo. A un lado ponemos los dulces de tamarindo que tanto le gustaban.
El Día de Muertos no es un día triste para mi familia. Contamos historias de mi abuelo, nos reímos y sentimos que sigue con nosotros.